LA COMUNIDAD DE LOS PRODIGIOS

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Las relaciones entre Argentina y Cataluña son estrechas; pensemos en la gran cantidad de argentinos descendientes de catalanes que inmigraron a nuestro país, también catalán es Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute, o los escritores Carlos Ruis Zafón y Eduardo Mendoza, y los artistas inigualables como Picasso, Miró y Dalí, o el extraordinario arquitecto Antoni Gaudí, y los miembros de la Primera Junta de 1810 Joan Larreu (Juan Larrea) y  Domènec Matheu (Domingo Matheu); o Joan Alsina, destacado en las invasiones inglesas cuyo hijo Valentín Alsina y nieto Adolfo Alsina tuvieron una destacada actuación política, o Felipe Sentenach ingeniero, comerciante y comandante de milicias de origen catalán que se destacó en la resistencia contra las Invasiones Inglesas al Río de la Plata. Blai Perera y Morat (Blas Parera) es la mano catalana que puso música a nuestro himno nacional. Sangre catalana corre en nosotros, está en nuestras calles, libros de historia, comercios, cultura. No podemos sino sentir simpatía  por los catalanes. O por los gallegos, vascos, navarros, andaluces, en fin, por los españoles. La simpatía que nos generan no debe taparnos el análisis.

Cataluña es una de las nacionalidades históricas de España, fue Condado de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio y cuando éste se desmembró en el siglo X, fue manteniendo su territorio gracias a sus redes feudales de vasallaje, Mientras tanto, gracias a la Reconquista Española, los reinos de Castilla y Aragon fueron unificando el territorio como reino de España al cual quedaría integrada. Los catalanes mantuvieron una cultura de autogobierno que ya en el siglo xx forjó la Mancomunidad Catalana, que dio paso a un Estatuto de Autonomía, que fue duramente reprimido durante la dictadura de Franco.  Recordemos también que con los Condes de Godó (por eso Barcelona es “la ciudad condal”) los catalanes produjeron su Revolución Industrial y de allí el desarrollo que tuvieron y que la distingue, junto con los vascos, del resto de España.

La vuelta de la democracia implicó una nueva Constitución en 1978, texto que contempla el reconocimiento a las nacionalidades históricas y de los cuales los catalanes realizaron aportes fundamentales a su texto y al reconocimiento de las Autonomías. En Cataluña y Andalucía se registraron los más altos porcentuales de apoyo a ésta Constitución.

Distintas instituciones en el mundo reconocen a España (por ejemplo en igualdad con Alemania) en cuanto a la amplitud de libertades en cuanto a derechos civiles de sus habitantes y respeto por las identidades nacionales dentro de su territorio.

La crisis económica de España, la discutible distribución de recursos que el gobierno español asigna a Cataluña pese a los aportes que la Autonomía genera, más un recorte a la reforma del Estatuto que había presentado la Generalitat para ser aprobado profundizaron la idea independentista catalana.

El principio de derecho de autodeterminación de los Pueblos es reconocido por el Derecho Internacional Público y Tratados Internacionales. Se fue formando en los nacionalismos del romanticismo y tiene una gran importancia a partir de los procesos de descolonización del siglo xx.

Tal derecho tiene una resonancia interna y una externa. La primera implica que dentro de un Estado, las nacionalidades que lo integran, y a las que se reconoce una fuerte identidad (que puede ser lingüística, territorial, cultural, etc) que la distingue de otros ciudadanos del Estado, tenga la posibilidad de que les sea reconocida su identidad y se les permita un desarrollo cultural, social, económico y político de acuerdo a tal identidad, que debe tener un correlato histórico y una magnitud reconocible. Desde éste punto de vista, España reconoce a sus Autonomías y Regiones los más amplios derechos posibles y compatibles con el resto del país y el gobierno central. Desde éste punto de vista, los catalanes son un ejemplo de derecho de autodeterminación de los pueblos reconocido en su faz interna.

Desde un punto de vista externo el derecho de autodeterminación de los pueblos se aplica principalmente por dos motivos. El primero de ellos se vincula a los procesos de descolonización. Se trata del derecho de aquellos pueblos sometidos al régimen colonial de separarse de la metrópolis, de independizarse. Ejemplo de estos casos son los países africanos que se independizaron de sus metrópolis europeas. El comité de Descolonización de ONU todavía tiene casos que analizar, como por ejemplo la Isla Diego García. Queda claro que no es el caso, Cataluña no es una nación colonia de España. Sí lo fue Argentina, el 25 de Mayo de 1810 es un claro ejemplo de autodeterminación de los pueblos, que se plasmó definitivamente en la independencia de 1816.

La segunda posibilidad de aplicación de derecho de autodeterminación de los Pueblos es que se trate de un pueblo que sea aplastado por el gobierno central, discriminado, atacado, sin derechos, quizás un ejemplo pueda serlo el pueblo Kurdo, y es por esto que están reclamando la independencia de Kurdistán. Si bien las relaciones entre la Generalitat (el gobierno de la Autonomía Catalana) y Madrid son más tensas que nunca, no puede pensarse seriamente que Cataluña es oprimida por el Gobierno Español, gobierno del que también forman parte los catalanes, eligiendo  representantes. Pero es verdad que Cataluña podría negociar mejoras a su Autonomía, quizás una de las posibles soluciones a diseñar.

Es verdad también que allí donde el derecho regula el espacio de lo que es legal y lo que no, se instala una frontera que ofrece también la posibilidad de discutir su ubicación. Estas límites a veces responden a justificaciones profundas basadas en valores esenciales a respetar, y veces responden convenciones construidas en interés de la sociedad. Debería haber espacio para que los españoles y catalanes debatan la situación, por eso no se entiende la represión a una votación de reglas equívocas y que ya había sido tachada de ilegal por la Justicia española; lo cierto es que hoy la independencia catalana colisiona con la Constitución española y los principios de la  Unión Europea.

En mi opinión grave error del gobierno de Mariano Rajoy que solo logró que una votación sin legalidad y de discutible sustento se transforme en un hecho político de gravedad institucional, imprimiendo a su gobierno el carácter de agresor y a los catalanes el carácter de víctimas, que ciertamente lo fueron.

El Rey Felipe, Jefe de Estado, se ha pronunciado con firmeza en contra de admitir cualquier posibilidad de independencia, y sabe en el fondo que también se está jugando la supervivencia del régimen monárquico español. España tiene a sus republicanos y la figura del Rey es respetada y cuestionado no ya en su persona sino en lo que representa; y Cataluña tiene tradición republicana.

Los motivos económicos en épocas de crisis siempre alientan a las regiones prósperas a desprenderse de quienes consideran una carga a su bienestar, pasa con Cataluña, al igual que los gauchos de Brasil se quejan de trabajar todo el año para que el norte de Brasil viva de carnaval y proponen la creación de un nuevo Estado de Río Grande do Sul, o en Italia donde el norte amenaza con separarse de los “perezosos” del sur para formar su propio estado de la Padania (llanura del río Po).

La posmodernidad ha favorecido el reconocimiento de las diferencias, de las minorías, de los pequeños relatos, de los “colectivos” de personas que se sienten postergados, y sin dudas que abona a la idea de que cada grupo persiga el reconocimiento, visibilidad y en términos de autonomía colectiva, la independencia. Pero adonde nos llevaría si los Estados comienzan a desmembrarse, si los poderes centrales se quiebran sumado a la crisis profunda del sistema representativo, sin dudas que a una nueva posibilidad de organizaciones políticas que quizás aun no vemos, como indica el filósofo italiano Paolo Virno, quien suma a la receta las posibilidades tecnológicas y augura una nueva esfera pública no-estatal.

¿Se conmoverán los vascos o los andaluces ante ésta avanzada catalana? ¿Podrá Madrid negociar con Cataluña un nuevo Estatut que mejore su Autonomía y satisfaga sus reclamos? ¿Cómo reaccionará Madrid si la Generalitat declara la independencia? ¿Qué dicen los otros catalanes, los que no están pertenecen al independentismo y que de momento solo se han expresado con un silencio? Preguntas difíciles para los próximos días, claves en el futuro de España, de la Unión Europea y en ésta “aldea global”, en el futuro de todos. Eduardo Mendoza escribió una brillante novela sobre Barcelona que se titula “La ciudad de los prodigios” y se sabe que los catalanes son altamente trabajadores, y para la gente de acción los milagros a veces son posibles, pero lo cierto es que la empresa independentista catalana parece sumamente difícil. Sería un verdadero prodigio.

 

Por EMILIO ARDIANI