OLORES DE MI INFANCIA…

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Lápices de colores, el pastel de chocolate de la abuela, el césped recién cortado en verano,  abrir un viejo libro, el perfume de nuestra madre cuando nos abrazaba, la leche caliente… nos traen además de imágenes… sus olores.

Oyendo, tocando, oliendo y explorando el entorno mediante el movimiento, el niño va confrontando experiencias, descubriendo los objetos y sus características. A través de los sentidos reciben las primeras informaciones y se elaboran las sensaciones, los conocimientos y a partir de esto se van formando los procesos superiores del conocimiento, la inteligencia y el lenguaje. Por eso es beneficioso estimular y ejercitar los sentidos, a fin de mejorar el mundo cognitivo de los niños.

El olfato, a diferencia de la vista, el gusto y el tacto, no lo usamos en forma consiente. Sin embargo es muy poderoso. Un aroma en particular nos puede trasportar a momentos del pasado… sus sensaciones,  para mirar a esa época pero sin los ojos. No oigo nada, no veo nada. Solo siento que estoy en esa época, como abrir el baúl  los recuerdos.

Descubrir y estimular el mundo de los olores con los niños es darle una oportunidad de experimentar. En el jardín de infantes un juego muy conocido es NARIZ DETECTIVE, en el cual de uno en uno van oliendo diferentes objetos; y hablando al mismo tiempo de su olor, si les gusta o les disgusta; si huele o no huele, etc.

Hay olores que tranquilizan y calman, otros excitan o ponen nervioso. Develar éste mundo, será los primeros pasos para que aprendan a discriminar cuáles le gustan o no, a aceptar que el olor forma parte de su vida y a controlar en un futuro el rechazo.

La psicología nos viene demostrarnos la íntima relación que existe entre la memoria, el olfato y nuestra infancia. Hasta los 5 años, el modo en que un niño integra sus recuerdos está íntimamente relacionado con el olor, como una manera de entender el mundo. A medida que crece, empieza a tener más peso el sentido de la vista y el oído. Un dato sorprendente y fascinante es que los bebes son receptivos al olor antes del nacimiento. Una vez que el niño viene al mundo, su olfato es su mejor aliado para reconocer a su mamá y buscar su pecho en busca de alimento.

Este sendero mágico que conecta nuestro cerebro, activando emociones, es el sentido del olfato; uno de los primeros sentidos que se desarrolla y se procesa en el mismo lugar del cerebro que almacena la memoria.

La ciencia nos brinda la  evidencia que en realidadla nariz es la “entrada física” a nuestro mundo emocional; convirtiendo a la infancia, en ese lugar lleno de ruidos entrañables y olores de ensueño, en una época sin preocupaciones.

Por esto y mucho más… los olores de infancia habitarán en nuestro cerebro como puertas entreabiertas, como poderosos anclajes a un pasado para recordar aquellos días felices.