EDITORIAL

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¿Dónde está Santiago Maldonado?

La pregunta, mezcla de interrogante y queja, se multiplicó por todos los rincones de la Argentina en los últimos días. En la pregunta, la necesidad imperiosa e ineludible de saber. De saber qué ocurrió con el joven desaparecido hace casi un mes en la Patagonia argentina.

La pregunta, mezcla de queja e interrogante, es también un reclamo legítimo, justo, indiscutible. No podemos permanecer impasibles ni distraídos ante semejante hecho. Hecho que puede traducirse simple y brutalmente en una sentencia inquietante: un desaparecido en democracia. Con las connotaciones que la palabra “desaparecido” tiene en la Argentina.

Partamos entonces de esa base: todos, y todos es todos, debemos preguntarnos, como modo de reclamo y exigencia, dónde está Santiago Maldonado. Debemos preguntárselo al Gobierno Nacional. Y a la Justicia, que está investigando lo ocurrido con el joven. Y no debemos dejar de preguntarlo, a modo de interrogante, queja y reclamo, hasta que sepamos lo ocurrido.

Nada debe sacarnos de ese eje.

Ni la clara utilización política partidaria, más que evidente, que se hace del lamentable caso, llevándolo a transitar por el delgado límite que separa el tratamiento del manoseo.

Ni las otras personas desaparecidas en democracia, sea Julio López, María Cash o Marita Verón, por los cuales también hay que preguntarse dónde están o qué fue de ellos.

Ni esta famosa grieta que resquebraja a la sociedad, y donde incluso este caso de tan aguda delicadeza coloca en veredas enfrentadas a unos y a otros, que como sirios y troyanos o montescos y capulettos, así como se tiran con causas de corrupción, han decidido tirarse en los últimos días nada menos que con desaparecidos, con un grado de violencia inentendible como para sentirla posible.

La pregunta por Santiago Maldonado debiera ser colectiva, porque se trata de un tema de Estado, de una causa nacional. Quienes no se la formulan para sí mismos o no la formulan por cuestiones políticas, no están cumpliendo con esa concepción de un tema de todos. Y quienes sí lo hacen, debieran manifestarlo sin que nada tiña lo genuino de su esencia, mucho menos el intento de obtener un rédito político.

¿Dónde está Santiago Maldonado?

Ojalá pronto lo sepamos, y se lo encuentre sin que nada malo le haya pasado.

Pero si el interrogante no tiene respuesta, si nada ni nadie puede contestarlo, si se trata de un caso más que el paso del tiempo se devorará sin penas ni olvidos, habremos contraído una nueva y dolorosa deuda con la Historia.