EDITORIAL

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Durante la Guerra Civil Española, entre tantas palabras y consignas, una frase, simple en su contundencia, comenzó a pintarse como casualmente en las paredes de los pueblos y ciudades. La frase decía: “Me duele España”.

No había mucho que agregar. Encerraba la frase en su sentencia todas las sensaciones de angustia de un pueblo desangrado.

En los últimas horas, podemos hacer nuestra la frase. Salvando las distancias geográficas y de circunstancias. Podemos decir: “Me duele la Argentina”.

Como nos ha dolido tantas veces. Como parece ser no hemos aprendido lo suficiente como para que al doler al menos duela menos.

Duele la Argentina en cada piedra arrojada al aire con la intención de dañar a un compatriota, en cada gas lacrimógeno, en cada baldosa levantada y rota, en cada policía herido.

Duele la Argentina en la tozudez de un Gobierno insistiendo con la sanción de una ley que perjudica a los siempre perjudicados jubilados. En los jubilados también duele.

Duele la Argentina en el accionar de una dirigencia política que parece no estar nunca a la altura de la circunstancias, pensando más en los partidismos y en los intereses particulares que en el bienestar general.

Duele en el odio desplegado desde ambos lados de una grieta que se hace ya insoportable.

Duele la Argentina cuando los que siempre llevan la peor parte son los que menos tienen. Los más vulnerables. Los “nadie” de Galeano.

Duele la Argentina al verla tropezar siempre con las mismas piedras. Y más duele por lo recurrente de los recurrentes tropezones.

Duele la Argentina cuando el diálogo parece ser cada vez más imposible. Duele cuando los actores políticos se intercalan roles de acuerdo a sean Gobierno o sean oposición.

Duele la Argentina cuando se tergiversan las palabras. Duele cuando las palabras confunden o se confunden. Duele cuando las palabras no son terminantes a la hora de repudiar violencia o corrupción.

Duele la Argentina en cada mes. Duele más en cada Diciembre. Como si el Nacimiento que se viene, más que bálsamo y esperanza, fuese motivo de enfrentamientos y enojos, nada más alejado a su espíritu.

Duele la Argentina. Nos duele.

Nos duele la Argentina a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.