EDITORIAL

0
149

En plena efervescencia del tema del intento del Departamento Ejecutivo Municipal de nuestra Ciudad de aumentar el valor de las tasas municipales -de lo que damos cuenta en nuestra nota de tapa-, creemos conveniente, más allá de ese tema puntual, abocarnos a lo que como esencia significa una tasa o impuesto.

Recurriendo al diccionario, la simple definición, fría como generalmente define el diccionario a las cosas, dice: “Cantidad de dinero que hay que pagar a la Administración para contribuir a la hacienda pública”.

De la definición surgen otras definiciones: la obligatoriedad (“hay que pagar”), la contribución (lo que nos hace “contribuyentes”) y que ese dinero que debemos sí o sí pagar para no caer en incumplimientos que indefectiblemente nos traerán aparejadas sanciones de distinta índole, se dirige a lo público, a lo que es de todos (o al menos, así debiera ser).

Obviamente, a lo que en primer lugar nos remite un impuesto o una tasa es su valor. Lo que nos cuesta. Lo que significa para los contribuyentes tener que afrontar su pago. En este tiempo de continuos tarifazos y aumentos de todo o casi todo, no sólo no es un elemento menor, sino todo lo contrario.

En muchísimos casos, tener el dinero suficiente como para poder pagar es una misión imposible. Y en muchos de esos ya de por sí numerosos casos, la gente hace malabares para poder pagarlos, porque de lo contrario llegará la sanción antes enunciada: multas, intereses, cortes de servicio y otras consecuencias de distinto tenor.

Es por ello, que “la Administración”, tal como enuncia la definición del diccionario, -entendiéndose como tal los Gobiernos en sus distintas jurisdicciones (Nacional, Provincial y Municipal o Comunal)- han de ser cuidadosos y prudentes a la hora de aumentar los impuestos o tasas. Considerar si los contribuyentes pueden o no pagar ese costo. Ser realistas y sensibles cuando de imponer esta carga se trata.

Sin embargo, más allá de ese fundamental punto, el económico, hay otro no menos importante. Se trata de la contraprestación que el ciudadano tiene derecho a recibir a cambio del pago de ese impuesto. Y si bien en la definición técnica la contraprestación no se detalla, es insoslayable que a cambio de ese precio que paga, el usuario debe recibir algo. Algo que justifique su esfuerzo de pagar.

De este modo, y salvando las distancias, de igual manera que cuando vamos a un comercio y a cambio de nuestro dinero se nos da un producto determinado, a cambio del dinero aportado con el pago de tasas e impuestos, los Estados, también de las distintas jurisdicciones, han de darnos algo. Ya no un producto

determinado como en el caso del comercio, pero sí una contraprestación que nos haga ver tangiblemente que nuestro dinero se nos va a devolver al menos en parte.

El pago de tasas e impuestos ha de ser devuelto a la gente en educación y salud públicas. En seguridad. En buenas rutas. En infraestructuras. En obras hídricas que eviten inundaciones. En campañas de prevención de enfermedades. En combatir el hambre y la pobreza. En atacar la desnutrición infantil. En mantener calles en buen estado. En conservar ciudades limpias. En desmalezar y evitar acumulación de basura en lugares públicos. En buena iluminación. En empresas prestadoras de servicios eficaces y eficientes. Y la lista es interminable.

Dependerá de cada jurisdicción atender lo que le es propio. Atenderlo de acuerdo a los tributos que los contribuyentes pagan. Devolviéndoles así el dinero que con tanto esfuerzo reunieron para poder pagar sus cargas tributarias o impositivas.

El pago de impuestos es necesario en todos los países, no sería posible que un estado funcione sin percibirlos. Incluso en algunos, la presión impositiva es muy grande. Pero cuando esos dineros de verdad se vuelcan en mejorar a diario la calidad de vida de los ciudadanos, el pago de impuestos y de tasas cobra sentido. De otro modo, se trata de una ecuación injusta en la que siempre paga una de las partes, el ciudadano, y la otra, el Estado, o paga poco o paga mal, entendiéndose “pagar” por “devolver”.

Entenderlo de ese modo sería una manera de darle veracidad a la definición del diccionario: contribuir a la hacienda pública. Para que todos podamos vivir un poco mejor.