GRANDE ES AQUÉL…

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Después de Cristo, hay otro judío al que admiro profundamente: Daniel Barenboim.

Nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1942. Pianista y director de orquesta argentino, de nacionalidad, español, israelí y palestino. Hijo de músicos. Debutó en Buenos Aires a los siete años. Las distinciones obtenidas a lo largo de su carrera son doce, pero aquellas las que no se registran, reales e ideales, superan los millones.

Autor de varios tangos. En diciembre de 2006 dirigió el Concierto de Año Nuevo en Buenos Aires cuyo repertorio fue “Tango Sinfónico”

En una de sus presentaciones por televisión, tuve la suerte de verlo dirigir a la Orquesta Sinfónica de Berlín, en Alemania. Les cuento, a aquellos que no la tuvieron, que para finalizar eligió la milonga “Taquito militar” de Mariano Mores. Creí que en algún momento, se me reventaría el corazón. Lo vi después que terminó,  agradeciendo  al  público, que lo aplaudió de pie por varios minutos.

El 7 de julio de 2001, Barenboim dirigió la Staatskapelle de Berlín en la representación de la ópera de Wagner “Tristán e Isolda” en el festival de Israel  celebrado en Jerusalem. Fue llamado “pronazi” y “facista”, por algunos de los presentes, algo parecido a lo que le pasó a Jesús, cuando lo atacaban los escribas y fariseos.

Cosas que no se comprenden.  Fue soldado de la “Guerra de los seis días” en sus comienzos, más tarde, favorecido por la ayuda de su segunda esposa, la famosa cellista Jackeline du Pré, logra que se lo reciba en Inglaterra como director de orquesta. Objetivo central para su carrera. Paradójicamente, Martha Argerich viaja a estudiar a Europa con una beca que le da el Peronismo y con el tiempo, como pianista  adquiere un relieve que Barenboim jamás consigue.

En 1999 junto al escritor estadounidense de origen palestino, Edward Said, al que lo unió una gran amistad, fundó la West-East Divan Orchestra, una iniciativa para reunir cada verano, un grupo de jóvenes músicos talentosos tanto de origen israelí, como de origen árabe.

El 12 de enero de 2008, después de un concierto en Ramala, Baranboim aceptó  la ciudadanía palestina honoraria. Se convirtió así en el primer ciudadano del mundo con ciudadanía israelí y palestina y dijo que la había aceptado con la esperanza de que sirva como señal de paz entre ambos pueblos.

Soy un ignorante en cuanto al valor que tienen las corcheas y todas esas yerbas, sin embargo disfruto del placer que la música me regala. Si a ello le agrego la importancia del que la trasmite y descubre mi alma,  me arrodillo y lo bendigo.

 

 

 

Por ARMANDO ABEL CAVALIERI