MENTIRAS VERDADERAS

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Siria, corazón de Medio Oriente y cuna de la humanidad, ha colapsado. La “primavera árabe” (inicio en 2010) abrió una puerta hacia sociedades más libres que fue aprovechada sin demoras por otros intereses. Bashar al Assad hijo, heredero del poder lo ejerció siempre como era habitual, con mano dura. Es que el gobierno sirio está en manos de musulmanes chiítas que en su propio país son minoría y las tensiones con los sirios sunnitas siempre fueron reprimidas. Pero a partir de de 2011 las tensiones se transformaron primero en resistencia armada y luego en guerra civil.

EEUU apoyó militarmente a los rebeldes de Siria, los “contras” que esta vez se oponen a Damasco como antes se oponían en Nicaragua o Irán. En medio de la disputa entre el gobierno y los rebeldes aparecieron los integristas musulmanes, los fanáticos de Estado Islámico que rápidamente se apoderaron de gran parte de las armas norteamericanas suministradas a los rebeldes y las usaron para apoyar su propia causa, la instalación de un califato propio que se formó tomando territorio sirio e iraquí.

Siria quedó dividida en tres partes, una bajo el dominio del gobierno de al Assad, otra en manos de los rebeldes opositores a Bashar al Assad y otra en manos de ISIS. Como suele suceder, toda la población atrapada en los distintos bastiones  sufriendo la guerra con las típicas atrocidades que sufren quienes viven en un territorio que ocupa un ejército, que recupera otro, que bombardea uno, que arrasa el otro. 8 millones de personas han abandonado sus hogares huyendo espantadas de los horrores de la guerra, 4 millones migraron dentro del país y otros cuatro huyeron a Europa.

Los jugadores internacionales juegan sus cartas: EEUU apoya a los rebeldes para derrocar al gobierno de Siria, y así las cosas marchaban hasta que apareció Putin con ansias de reposicionar a Rusia en el juego internacional y como tradicional aliado de los sirios, ya se puso manos a la obra en el apoyo a Al Assad. Desde que los rusos apoyan a Damasco, el gobierno empezó a ganar la pulseada tanto contra los rebeldes como contra Estado Islámico, recuperando mes a mes territorios y ciudades.

Pero así como la aparición en juego de Putin inclinó la balanza hacia Damasco, ha aparecido otro jugador en la mesa, el nuevo mandamás norteamericano Donald Trump que ni lerdo ni perezoso anunció que la guerra civil en Siria debe terminar y bombardeó una base de la aeronáutica siria. Nótese que primero EEUU y sus aliados hablaban de intervenir para desactivar Estado Islámico, operaciones militares que no lograban nada, hasta la aparición de Rusia. Es que el verdadero interés en Siria no son los terroristas, una excusa, sino Damasco, la cabeza de Al Assad. Por eso el cambio de enunciado que en realidad, blanquea la situación: van por el gobierno Sirio.

Pero el hombre debe dar razones de su actos y las naciones no escapan a ello; algo debía justificar un ataque directo al ejército sirio; las excusas para las intervenciones militares se han necesitado formalmente desde la antigüedad, por ejemplo, hasta Julio Cesar debió darlas al iniciar su Guerra de las Galias y su propio Senado debatió arduamente la legitimidad de estas operaciones. La lista de razones-excusas, por cierto, no es corta.

Las operaciones de bombardeo se iniciaron ante la acusación internacional al gobierno Sirio de emplear armas químicas contra los rebeldes y aquí nos empantanamos. Nadie puede dudar que el derecho humanitario aplicado a la guerra condena el uso de armas químicas, es más es una ofensa a la dignidad humana que el hombre le haga eso a otros hombres. En la Gran Guerra del 14 los combatientes de trincheras sufrían los atroces ataques de gas sarín que destroza el sistema nervioso humano; en la guerra de Vietnam Norteamérica también utilizó armas químicas como el temido napalm, chorros de fósforo líquido sobre las personas, y defoliantes sobre la selva y personas. Si toda guerra es un horror, la utilización de armas químicas nos lleva fuera de toda humanidad.

Pero el gobierno sirio negó haber utilizado armas químicas y aquí debemos decir que nadie está limpio ya que sin dudas el régimen de Al Assad es autoritario y represor, ha discriminado y eliminado a sus opositores y bien pudo haber realizado el acta que se le imputa. Por otro lado, son los propios norteamericanos a través del diario New York Times quienes descubrieron que la razón de la segunda Guerra del Golfo, en la que se tomó Irak y se depuso a Sadam Husein, fue una mentira realizada dolosamente ya que informe que tenía la inteligencia militar probaba que el supuesto uranio nigeriano para armas tácticas nucleares iraquíes  jamás había salido de Nigeria rumbo a Irak.

Cuál es la verdad, la anunciada por EEUU basada en informes emitidos por las ONGs que trabajan en el teatro de operaciones y que denuncian la atención a personas afectadas por un ataque de armas químicas o la versión que oponen desde Damasco según la cual Siria no utilizó armas químicas impugnando los informes por falsos, mostrando las supuestas deficiencias de las pruebas aportadas en las que se aprecia a una misma víctima declarando a las cámaras a la vez en dos ciudades distintas, o fotos de médicos atendiendo sin equipo para los casos de ataques químicos; por otra parte se denuncia el ataque de “falsa bandera”, un argumento que utilizado con frecuencia por los rusos y que de tanto uso convence poco.

La posmodernidad ha dado frutos como la posverdad, versiones desconectadas de los hechos e incluso hasta contrariadas por los hechos, pero que apelando a los sentimientos que inclinan a creer en esa apariencia de verdad, las aceptan sin crítica, sin razones ni pruebas. La posverdad es la verdad política que queremos oír y aceptar porque resulta cómodo y satisfactorio que esa información sea cierta y que es utilizada para manipular la opinión pública.

En la película norteamericana “Wag the dog” (Barri Levinson, 1997) un asesor de la Casa Blanca (De Niro) contrata a un productor de Holywood (Hoffman) para que invente y transmita, produciendo un show mediático, una guerra con Albania.

El título de la película fue traducido en España como “Cortina de Humo” y en Argentina como “Mentiras que matan”. Hoy no podemos asegurar si las mentiras verdaderas provienen de los rebeldes apoyados por EEUU o por Al Assad apoyado por Rusia, pero más allá de quien miente y quien no, la población siria sigue sufriendo y muriendo. Es que las mentiras verdaderas de la política internacional son mentiras que matan.