¿QUÉ HACER CON LA BASURA…?

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En la vida cotidiana, nuestro consumo hace que utilicemos muchos elementos, ya sean de orden orgánico u objetos materiales de los más diversos, que en su destino final terminaran convirtiéndose en “Basura”. ¿Qué pasa con ella, cuál es su destino? Si fuésemos conscientes de la cantidad de residuos que producimos por día, nos preocuparía aún más.

Lamentablemente, por mucho tiempo no fue una cuestión fundamental a tratar, o en el mejor de los casos se le ha dado un tratamiento totalmente incorrecto, produciendo enormes basurales a cielo abierto, siendo esto altamente contaminante.

¿Cuál es la situación en nuestra Ciudad? Últimamente, es una frase  frecuentemente escuchada la que expresa que “Casilda está muy sucia…”. Sin embargo, y repitiendo de alguna manera lo escrito más arriba, no es un problema nuevo.

Durante la gestión anterior, la del entonces Intendente Juan Carlos Bacalini, se dieron a conocer públicamente proyectos referidos a la separación y disposición final de los residuos sólidos urbanos. En 2009 se creó la SAPEM,  que se hizo cargo de la recolección de los residuos urbanos. El gran desafío era cómo poder reducir el volumen de basura enterrada. Se presentó un proyecto a la Nación para instalar una planta de separación, que incluía un galpón de 15 por 35 metros, donde funcionaría una estructura de máquinas con operarios que separarían lo orgánico de lo inorgánico. Se dijo en ese momento –algo más de un par de años atrás- que el costo total del proyecto ascendía a $ 5.700.000.- y que se había recibido por parte del entonces Gobierno Nacional la suma de $ 2.886.736.- También se informó en ese momento que estaban en proceso de adquisición de todo lo necesario, y que ya se había comprado la cinta de separación, un camión con compactador, el cargador frontal y la retroexcavadora.  Se prometió que en 2015 la planta podría estar comenzando a funcionar.

Las autoridades municipales actuales sostienen que el dinero que la Nación envío para poder dar concreción al proyecto fue utilizado por la administración Bacalini para hacer frente al pago de sueldos, y que están ellos ahora en la gestión de conseguir el dinero necesario para financiar la obra relacionada.

La cuestión es que la realidad quedó lejos de lo anunciado en aquél momento, y nos muestra hoy la permanencia de dos basurales a cielo abierto, uno de ellos lindante con el Aero Club Casilda, sobre Ruta Provincial 92 (en el cual ya no se deposita basura por parte de la Municipalidad y se encuentra cerrado para los particulares, pero tampoco se retiró la gran cantidad que existe en el lugar), y el otro por Boulevard Ovidio Lagos a 7 Km. de la ciudad hacia el Río Carcarañá. Ambos con similares características, frecuentes quemas de residuos con barreras de humo, tierra de constantes “cirujeos” y hasta de penosas postales de familias con niños buscando entre la basura lo que puedan rescatar.

A mediados del año pasado se conformó un Consorcio de Residuos Sólidos Urbanos, de carácter regional, que preside el Intendente de Casilda (por ser nuestra Ciudad cabecera del Departamento), a quien acompañan otros jefes políticos de varias localidades: Carcarañá, Fuentes, Correa, Los Molinos, Chabás, Sanford, Arequito, Pujato y Coronel Arnold. Este Consorcio tiene como meta la instalación de una planta para el tratamiento de la basura en Casilda. Hace poco menos de un mes, el Consorcio se reunió en Fuentes, donde se elaboró un proyecto conjunto con el fin de agilizar la gestión, para lo que se necesita la colaboración económica financiera del Gobierno de la Provincia, sin que se descarte pedir ayuda a la Nación. En la actualidad, el terreno, que pertenece a la Municipalidad de Casilda y se encuentra en la prolongación de Boulevard Ovidio Lagos, es un basural a cielo abierto. Para que la planta se pueda instalar, hay que realizar diversas obras, tales como adaptar el camino, cercar el predio, dotarlo de energía eléctrica y hacer las cavas con la impermeabilización correspondiente, según lo que indique el Ministerio de Medioambiente de la Provincia. Comprar el equipamiento pesado y realizar lo enumerado, reviste una inversión de unos 15 millones de pesos. Una vez puesta en marcha la planta, cada comuna asumirá un costo para sostener el manejo diario del lugar.

Obviamente, también la conducta de nosotros los ciudadanos debe estar a tono con la gravedad del problema y propender desde ese lugar a su solución, o al menos, a no empeorarlo. Es evidente la desaprensión de muchos, a la hora de arrojar los residuos domiciliarios en lugares donde está prohibido hacerlo, o sin respetar los días y horarios de recolección. Es casi un símbolo observar que debajo de carteles en los que se lee “Prohibido arrojar basura” se acumulan bolsas o hasta residuos desperdigados. Otro caso emblemático es el del Canal Candelaria, que tanto pedimos fuera limpiado, y apenas unos pocos días después que esa limpieza se realizara, vuelve a presentar en muchos tramos elementos y residuos de todo tipo que son arrojados a su cauce.

Es de destacar que existen además grupos que toman al tema como objeto de su esfuerzo, como “Corre Eco” en Casilda, que lleva a cabo la recolección diferenciada de residuos en algunos sectores de  Barrio Alberdi. Desde esa institución se reitera con que con la voluntad y el esfuerzo de todos, en Casilda estaríamos en condiciones de reciclar un 80 o 90 %  de todos los materiales. Dicen en Corre Eco: “Hay que cambiar la concepción de basura: es basura cuando lo mezclamos, cuando dividimos son materiales recuperables. También sabemos que hay algunos materiales a los cuales todavía no se le ha encontrado una solución para su recuperación, como ser las pilas y los pañales, que son muy difíciles de reciclar.”

Es necesario pensar que si seguimos dando a la basura el mismo tratamiento, llegará el día donde nuestros descendientes no sabrán donde acumular más  residuos. Por esto es crucial que solicitemos a los gobiernos implementar tratamientos de los desechos y que apoyemos las iniciativas de las ONG. Y que desde nuestro lugar de ciudadanos seamos responsables y conscientes, sin actuar displicentemente con la basura que nosotros mismos desechamos. Actuar en consecuencia es un compromiso para el presente y también para las futuras generaciones.

 

Por MARÍA BELÉN CÉSARI