TODOS ¿Y TODAS? (Primera Parte)

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La Real Academia Española es contundente cuando sostiene que estos desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. Este tipo de expresiones son comunes en América Latina: un artículo de la Constitución de Venezuela reza venezolanos y venezolanas; Cristina Kirchner en sus discursos expresaba a todos y a todas; Tabaré Vázquez inicia sus alocuciones con uruguayas y uruguayos.

Sin embargo no se discrimina cuando se usa el masculino para designar a hombres y a mujeres. No se necesita modificar el uso del idioma para alejarse del sexismo y tampoco hay que pasar al género femenino el nombre de algunas profesiones, cuando éstas no los tienen.

En el informe de la RAE escrito por Ignacio Bosque titulado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer  se critican las nuevas guías sobre lenguaje no sexista elaboradas en España por universidades, sindicatos o gobiernos regionales, que proponen, por ejemplo, usar la ciudadanía en lugar de los ciudadanos o el profesorado en lugar de los profesores para hablar de grupos compuestos por hombres y mujeres. El autor sostiene que el uso genérico del masculino para designar los dos sexos está muy asentado en el sistema gramatical español y que no tiene sentido forzar las estructuras lingüísticas y que no es preciso ser lexicógrafo para intuir que la niñez no equivale a los niños. Agrega que no parecen admitir estas guías que una profesional de la judicatura puede elegir entre ser juez o jueza, considerando que las pautas propuestas por estas guías están únicamente pensadas para el lenguaje oficial.

Se trata de una corriente reformista que no tiene razón de ser, más que el capricho de quienes usan esas expresiones. En España, un movimiento de manifestantes, para subrayar su conformación por mujeres indignadas y hombres indignados, se autodenominó de l@s indignad@s. La arroba que no es un signo, sino un símbolo, ¿era para ser más inclusivos?

Se trata de modos de expresión artificiosos e infundados. Es cierto que existe la discriminación hacia la mujer, pero la lengua es neutral, no participa de la misma. La mujer debería ser visibilizada en la realidad, no en el vocabulario que se usa para referencializarla.

El informe de Bosque fue aprobado en forma unánime por los académicos, entre los que figuran Luis Goytisolo y Arturo Pérez-Reverte.

La mención explícita del femenino sólo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Estas repeticiones deben evitarse porque generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y la lectura de los textos. El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

 

 

Por MARCELA RUIZ.